Emprender con socios es de las decisiones más importantes que tomarás en tu vida profesional.
Y sin embargo, la mayoría empieza con un apretón de manos y mucha ilusión.
Normal. Al principio todo es energía, confianza y ganas de comerse el mundo. Nadie quiere pensar en escenarios negativos cuando acaba de nacer algo nuevo.
Pero precisamente por eso. Precisamente cuando todo fluye, cuando la confianza es máxima y la ilusión lo llena todo, es el momento de sentarse y escribirlo todo.
El ejercicio que nadie hace al principio
Haced este ejercicio, yo lo he hecho, tomad una hoja o página en blanco y escribid lo que queréis, a dónde queréis llegar, qué pasaría si la empresa va bien y os quieren comprar o si va mal y hay que cerrar. A cuánto se valora económicamente la horas de trabajo de los fundadores y cuánto tiempo os dais para hacer rentable el negocio.
Ese ejercicio, además, os llevará a plasmar qué visión de futuro tenéis. Quizás lo que para uno es ilusión por construir, para otro puede ser sólo negocios.
No es desconfianza. Es compromiso.
Porque ese documento no es una señal de desconfianza. Es todo lo contrario. Es el compromiso real de que esto va en serio.
Cuando lleguen las duras
Y cuando lleguen las duras, porque siempre llegan, habrá un papel firmado en el mejor momento posible. Cuando nadie tenía intereses enfrentados. Cuando todos querían lo mismo. Cuando la sociedad era todavía pura ilusión. Porque las duras son en muchos casos aguantar el primer tirón hasta que los primeros clientes van llegando. Que cuando a uno le flaquean las fuerzas el otro (los otros) sigan remando, como un equipo.
Ese papel puede salvar la empresa. Y la relación.
El profesional que convierte la ilusión en protección
Para eso existe el blindaje de socios. Y para eso existen los profesionales que saben hacerlo bien. Que cogen esa hoja en blanco llena de ilusión y la convierten en el documento que os protegerá el día que más lo necesitéis.
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